Hay personas con las que sueñas, pero sin embargo cuando te despiertas eres incapaz de recordar nada más que el hecho de haber soñado con ellas; ni qué sucedía, ni por qué estaba en tus sueños esa noche, ni siquiera si era interesante lo que soñabas o no. Es eso que yo en una novela denominaba: “personaje secundario neutro” pero que cuando formó parte de la mía, pasó temporalmente a convertirse en “personaje principal” sin hacer ruido.
Lo más llamativo de él era que nunca llamaba la atención.
No era un chico que se distinguiera por tener un cuerpo robusto o una alegría contagiosa de esas que inundan un local al traspasar su puerta. Su modo de vestir tampoco incitaba ni siquiera a la crítica y, por supuesto, nunca le verías bailar en el centro de la pista, si acaso, moverse con poco ritmo, y más por las embestidas de los demás que por su propio sentido musical. Aunque alto y bien parecido, sólo notabas su presencia cuando se excusaba al empujarte ligeramente para llegar hasta la barra.







